Entrevista a la pintora chileno-mexicana Beatriz Aurora Castedo, quien acaba de inaugurar su exposición Ya se mira al horizonte, en la Galería Mariano de la Casa de las Américas

Beatriz Aurorapor Mabel Machado

me traj’el convencimiento / de qu’entre negro y mongol,
canadiense y español / hay unos lazos de sangre
que un ‘el Tibe’ y los Andes / como una veta de amor.

Violeta Parra

Lo uno en lo diverso, esa riqueza que impresionara a la chilena Violeta Parra en el Festival de la Juventud de Varsovia en 1954, es la materia que inspira a la artista popular chileno-mexicana Beatriz Aurora Castedo. Como la cantautora fallecida en 1967, de quien admira su espíritu "eternamente rebelde", la pintora dibuja "pueblo y dolor popular"(1) en lienzos o papel con acrílico "siempre barato" armando lo que ella ha concebido como el género de las "historias pintadas".

El 16 de septiembre una parte de sus cuadros fueron develados ante el público en la Galería Mariano, espacio para el arte popular y caribeño de Casa de las Américas. Beatriz agrupó sus pinturas bajo el título Ya se mira al horizonte, simbólico pretexto para celebrar además, el Bicentenario de la Independencia de México. A ese país le debe el éxito de su obra, según confiesa, porque allí se vinculó al zapatismo, movimiento con el cual ha encontrado coincidencias vitales: la sencillez, la alegría, el optimismo y la búsqueda de un mundo mucho mejor que "podemos hacer todos o nadie".

Se advierte esta idea como reclamo permanente en su pintura que cambió del utopismo asentado en la persecución del amor y el paraíso, a un realismo totalmente intencionado: "yo pinto lo que veo, nada es sacado de un libro". Su arte encuentra forma a partir de la convivencia con comunidades zapatistas, junto con las que ha compartido la construcción de comedores, granjas y farmacias, y de las cuales admira su convicción en el triunfo. Beatriz ha participado en el rediseño de la iconografía del EZLN, ha ilustrado libros del Subcomandante Marcos -aunque dice no haber tenido la oportunidad de conversar con él- y en San Cristóbal de las Casas creó la tienda Nemi Zapata, donde se vende su obra y parte de la artesanía de las comunidades zapatistas.

Durante la inauguración de Ya se mira..., muestra que se ha presentado en Madrid, Cataluña e Italia y cuya parada próxima será Chile, Beatriz estuvo varias veces cerca de "Chiapas", un cuadro que tal vez resuma en gran medida las intenciones de la exposición y el sentido que le ha dado la artista a su obra completa: el arte como herramienta para las luchas de los movimiento sociales. "Esta pieza -explica la artista señalando el cuadro- funciona como afiche para difundir la verdad de que los zapatistas no son guerreros malos, sino campesinos, indígenas, luchadores por otro mundo posible".

Actualmente la artista se pronuncia a favor de los reclamos del pueblo mapuche en su Chile natal, y dice sentirse muy identificada con nuestros pueblos originarios, creer en su valor más que en el de la palabra "independencia" cuyo contenido es engañoso, porque "quitamos a unos para poner a otros, y se dan fenómenos como las trasnacionales, que se llevan nuestras riquezas para devolverlas enlatadas".

Pero la militancia de Beatriz junto a la izquierda latinoamericana, tiene antecedentes aún más lejanos. Hija de padres españoles exiliados en Chile por la Guerra Civil, resultó ella misma expulsada de su tierra de origen por militar con el gobierno de Allende. En España durante la dictadura de Franco, fue instigada a abandonar su posición política, por lo que terminó radicándose en México.

No hubiera sido posible tanto color en la obra de Beatriz, no se hubieran concretado sus historias de gente, de combate y de sudor, de no haber aterrizado nuevamente en América: "Centroamérica, México, la selva, la cultura de Mesoamérica fue el camino para redescubrir el mundo y el arte", dice en una entrevista reciente publicada en su sitio en Internet.

De desbordante azul -su color preferido-, atestado de figurillas que no dan tregua al vacío, circulando el mundo, trazando líneas entre el monte, el mar y el cielo siempre coronado por soles y lunas, las pinturas de Beatriz semejan árboles de la vida, ese enjambre de imaginaciones que otros artesanos alfareros cuecen en sus hornos rudimentarios allá en México.

La curadora de la exposición, Aurora Díaz Valdivia, coincide en que "las obras que componen la muestra expresan el espíritu revolucionario de Beatriz, motivada por los colores del trópico, en la combinación de una diversa y rica paleta que ha recogido en viajes a lo largo de su vida. Su simpatía por los artistas populares y por la artesanía latinoamericana enriquecen la estética de la pintora".

"El arte vino de abajo y del pueblo -insiste Beatriz al ser abordada por La Jiribilla-. El que generalmente nos enseñan es a veces creado de manera artificial. Hoy en día el mercado ha convertido el arte en una mercancía más. Les cierra las puertas a los artistas verdaderos y crea otros falsos, solo con dinero. Luego los coloca en los medios de comunicación -a los que yo llamo masivamente mentirosos- para vender caro. Pero el arte siempre ha sido de pueblo; toda la obra precolombina y popular es muchas veces despreciada y subvalorada por los dueños de espacios que deberían estar abiertos para que la gente exponga su trabajo."

Su forma de aportar a la difusión de "lo legítimo" en medio de las desigualdades, es defender una filosofía en la que el arte no esté dirigido "a los intelectuales ni a los galeristas, sino a mis compañeros del pueblo. Mi obra está dedicada al que va en una guagua o al que está parado frente a una puerta. Los cuadros son como fotos de lo que yo vivo con ellos".

Como una instantánea calificaron la obra "Cuba" muchos de los presentes en la inauguración de la muestra en La Habana, quienes se acercaron para felicitar a la autora. Beatriz, agradecida doblemente, porque según confesó, "ningún lugar le hace tanto honor a su obra como esta Isla", habló de su relación con este país, en el que viviera algunos períodos durante su exilio. El que los cubanos se reconozcan ante un paisaje zanjado por el mar, la urbe y las montañas, que se encuentren en Alamar, en un cartel de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) o la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), en el agromercado, en la Plaza repleta de consignas, en la Casa de las Américas o en los círculos infantiles, es realización plena para la autora.

"El cuadro dedicado a Cuba, que empecé en México y concluí solo unas horas antes de que fuera inaugurada la exposición en La Habana incluye la batalla del pueblo cubano por la liberación de Los Cinco presos en EE.UU., una demanda constante de la Cuba revolucionaria. Pero si hubiera tenido más tiempo le metía las chicharritas, la gallina en el balcón de la casa y otros muchos otros motivos de la Isla".

La obra de Beatriz, la autodidacta, admiradora de Neruda, Diego Rivera y la pintura naif haitiana; creadora cuya obra admiró el Nobel de Literatura José Saramago; devota de la exuberancia de la naturaleza y del poder del hombre para la construcción de un mundo de paz, estará en Cuba hasta el 29 de octubre próximo. A esta Isla eligió venir porque, "al igual que México, es un pueblo de artistas, un pueblo creativo que todo el tiempo está inventando. El arte, cuyo valor no está en la técnica sino en su propiedad de comunicar, halla verdadero sentido por quien lo hace, pero sobre todo, gracias al que lo mira y es capaz de apreciarlo".

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Nota:

[1] Pablo de Rokha sobre Violeta Parra en: Violeta y su guitarra, París, 1964.

FUENTE: http://laventana.casa.cult.cu/modules.php?name=News&file=article&sid=5699


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